tic...
...tac
tic...
...tac
Al fondo de la sala se oye el viejo reloj de cuerda. Ese reloj a acompañado a la familia durante incontables años, y nuca habia llegado tarde a Fin de Año. Todas las mañanas el abuelo le daba cuerda, y el día que el reloj aguantó más que él estaba mi padre para continuar la tarea.
Ese anciano reloj conocía a muchisima gente que seguramente no le redaran, habia sido testigo de tantas discusiones, debates, risas, miedos, llantos... tantos sentimientos de los cuales no conocía nada...
Ahora observaba desde el oscuro rincón de la sala cómo dos figuras entrelazadas se fundían en una, se amaban... Desde que comenzó a ver a esa pareja amarse había dado muchas medias noche, había perdido la cuenta de los segundos que habian pasado abrazados, y la de páginas de calendario que habían sido arracadas, pero no veía cambios en el amor que sentian. Las sonrisas de complicidad que se regalaban les delataba ante la mirada celosa del reloj.
tic...
...tac
tic...
...tac
Otra media noche, otro mes, medio año juntos.
Te amo canija.
25.11.08
9.11.08
Capt. 1.- El emisario
En aquel momento comprendió que jamás volvería a ver esos ojos, que jamás tendría otra oportunidad de cruzar si quiera un susurro con ella, nunca rozaría de nuevo su piel. La última noche juntos fue sin duda la mejor que habían tenido desde que la chamán les uniera, cómplices en la oscuridad y en el silencio fueron uno…
Todo comenzó dos noches atrás, cuando el emisario de los Chtlaa apareció en el pueblo para llevarse a los hombres más fuertes y con más descendencia, para formar parte del ejército de Jyuf. Esto ocurría cada 20 estaciones, o claimas, como se decía en Chtlaán, desde el tiempo de los antiguos hombres.
Corrían leyendas entre los poblados de la comarca de Chtlafen, venidas de antiguo, que hablaban de que el Ejército de Jyuf fue formado en un principio para luchar contra las grandes bestias, pero pronto hubo que empezar a protegerse de otro enemigo aun más peligroso, el propio hombre. Desde entonces comenzaron a formarse otros ejércitos dentro de Mundo Makko, desde los sanguinarios Zartaks, hasta los mágicos Blemings. Tribus que disfrutaban atacándose entre ellas, y que se apoderaban de poblados y ciudades capturando a los supervivientes de sus ataques para más tarde usarles como entretenimiento o como peleles de entrenamiento.
Chtlafen estaba formados por la ciudad-fortaleza Chtlaá y los llamados Ocho Poblados, creados en el interior del anillo de Chtlaá por los ocho héroes que capitanearon y formaron el ejercito de Jyuf, bajo las órdenes del Jefe Chtl, nombre solo pronunciable en Chtlaán, y del cual salió el nombre de la comarca. Los nombres de estos capitanes, y de los respectivos pueblos eran Fsoh, Grces, Tgiz, Prfae, Rofl, Dsun, Varrm, y el poblado en el cual comienza la historia, Jytan.
En Jytan se habían formado desde antaño los mejores guerreros de la comarca, nunca había habido soldados que pudieran medirse frente a frente contra un Jytán, sin recibir alguna herida, o incluso la muerte.
De entre ellos Klaate era uno de los mejores hombres que había dado el poblado, aparte de un magnifico jinete y un mejor amante. Sabía luchar con todas las armas que había en los almacenes de Chtlaá, y en sus poblados, no había hombre en toda la comarca que le hubiese vencido en un duelo, y a pesar de haber sido llamado anteriormente por los emisarios de los Chtlaa fuera del periodo de veinte claimas, a causa de la guerra que se estaba librando contra la comarca vecina, no había acudido a causa de su pequeña descendencia de tan solo 2 hijos. Ahora, cumplido el plazo, había logrado una importante descendencia de 5 pequeños y ya no tenía escusa para no defender a su patria, debía marchar junto a sus compañeros de entrenamiento, risas, borracheras y alguna que otra golfería.
Ya era la mañana del tercer día. Ya debían marchar. Klaate miró a sus compañeros mientras que estos también se despedían de sus familias. Se giró hacia los pequeños a los cuales la noche anterior había tatuado en el cuello y en la espalda los símbolos de su familia, otra de las tradiciones antes de marchar, y se fundió con todos ellos en un profundo abrazo. A continuación se incorporó y miro a su mujer. Ella intentaba contener las lágrimas, aunque su mejilla era recorrida con un sendero brillante con la luz del amanecer. Se miraron a los ojos, sabían que no iban a volver a verse, pero no se hablaron. Un largo beso acompañado de un abrazo fue suficiente para ellos, estaban ya preparados para el momento desde hacía tiempo. Se reunieron todos y comenzaron su marcha hacia los cuarteles de Chtlaá. Klaate se giro por para contemplar a toda su familia y regalarles una última sonrisa de serenidad.
…fueron uno para jamás volver a serlo. Nunca volverían a saber uno del otro.
Todo comenzó dos noches atrás, cuando el emisario de los Chtlaa apareció en el pueblo para llevarse a los hombres más fuertes y con más descendencia, para formar parte del ejército de Jyuf. Esto ocurría cada 20 estaciones, o claimas, como se decía en Chtlaán, desde el tiempo de los antiguos hombres.
Corrían leyendas entre los poblados de la comarca de Chtlafen, venidas de antiguo, que hablaban de que el Ejército de Jyuf fue formado en un principio para luchar contra las grandes bestias, pero pronto hubo que empezar a protegerse de otro enemigo aun más peligroso, el propio hombre. Desde entonces comenzaron a formarse otros ejércitos dentro de Mundo Makko, desde los sanguinarios Zartaks, hasta los mágicos Blemings. Tribus que disfrutaban atacándose entre ellas, y que se apoderaban de poblados y ciudades capturando a los supervivientes de sus ataques para más tarde usarles como entretenimiento o como peleles de entrenamiento.
Chtlafen estaba formados por la ciudad-fortaleza Chtlaá y los llamados Ocho Poblados, creados en el interior del anillo de Chtlaá por los ocho héroes que capitanearon y formaron el ejercito de Jyuf, bajo las órdenes del Jefe Chtl, nombre solo pronunciable en Chtlaán, y del cual salió el nombre de la comarca. Los nombres de estos capitanes, y de los respectivos pueblos eran Fsoh, Grces, Tgiz, Prfae, Rofl, Dsun, Varrm, y el poblado en el cual comienza la historia, Jytan.
En Jytan se habían formado desde antaño los mejores guerreros de la comarca, nunca había habido soldados que pudieran medirse frente a frente contra un Jytán, sin recibir alguna herida, o incluso la muerte.
De entre ellos Klaate era uno de los mejores hombres que había dado el poblado, aparte de un magnifico jinete y un mejor amante. Sabía luchar con todas las armas que había en los almacenes de Chtlaá, y en sus poblados, no había hombre en toda la comarca que le hubiese vencido en un duelo, y a pesar de haber sido llamado anteriormente por los emisarios de los Chtlaa fuera del periodo de veinte claimas, a causa de la guerra que se estaba librando contra la comarca vecina, no había acudido a causa de su pequeña descendencia de tan solo 2 hijos. Ahora, cumplido el plazo, había logrado una importante descendencia de 5 pequeños y ya no tenía escusa para no defender a su patria, debía marchar junto a sus compañeros de entrenamiento, risas, borracheras y alguna que otra golfería.
Ya era la mañana del tercer día. Ya debían marchar. Klaate miró a sus compañeros mientras que estos también se despedían de sus familias. Se giró hacia los pequeños a los cuales la noche anterior había tatuado en el cuello y en la espalda los símbolos de su familia, otra de las tradiciones antes de marchar, y se fundió con todos ellos en un profundo abrazo. A continuación se incorporó y miro a su mujer. Ella intentaba contener las lágrimas, aunque su mejilla era recorrida con un sendero brillante con la luz del amanecer. Se miraron a los ojos, sabían que no iban a volver a verse, pero no se hablaron. Un largo beso acompañado de un abrazo fue suficiente para ellos, estaban ya preparados para el momento desde hacía tiempo. Se reunieron todos y comenzaron su marcha hacia los cuarteles de Chtlaá. Klaate se giro por para contemplar a toda su familia y regalarles una última sonrisa de serenidad.
…fueron uno para jamás volver a serlo. Nunca volverían a saber uno del otro.
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