26.1.09

Capt. 2.- La gran sala


Las dos estrellas que iluminaban Mundo Makko, Quintalán y Grazen, se encontraban en su punto más alto, por lo que el grupo había hecho una parada para cobijarse y evitar morir achicharrados, ya que en ese punto ambos astros se unían en una masa candente de fuego que alcanzaba temperaturas inimaginables que obligaban a esconderse a quien estuviese expuesto a la luz. Cuando el peligro pasó el grupo siguió caminando.

Desde la partida se les habían unido otros grupos de guerreros, los Fsoh, Tgiz y los Varrm eran algunos de ellos. Klaate pudo distinguir a lo lejos el estandarte de los Grces, que avanzaba flotando mágicamente sobre la cabeza de un hombre que comandaba el grupo. Los Grces eran los curanderos de la comarca, desde pequeños eran entrenados para usar hechizos rápidos y precisos que les salvaran de situaciones peligrosas y salvaran también a sus compañeros, para saber usarlo en combate. Nadie sabía muy bien como lo hacían y había rumores numerosos y muy variados sobre cómo era, aunque el más creíble debido a las cicatrices que estos mostraban por todo su cuerpo era que a la temprana edad de 8 años eran expulsados del pueblo a su suerte, y los que sobrevivían eran enviados a luchar. Esto hacia que fueran valientes y eficaces en combate.

Una larga caminata después llegaron al anillo que era Chtlaá. Los cuchicheos y comentarios de asombro fueron en aumento, y es que era mucho más impresionante de todo lo que habían imaginado, era incluso superior a las historias que sobre el lugar habían escuchado, y como todo el mundo sabe en las historias se exagera mucho. Los muros de piedra se extendían hasta donde la altura, y el cuello, permitían mirar. Ante ellos se encontraba un enorme portón, y sobre él, y a lo largo de toda la pared, había miles y miles de ventanas que, protegidas por barrotes, dejaban que la luz entrase dentro de la fortaleza.

El emisario golpeó la puerta, que se abrió con un ruido ensordecedor de engranajes rozando entre sí, y de poleas bajando y subiendo. Cuando entraron, y antes de poder ver lo que dentro de aquella fortaleza había, Klaate se fijó en los pequeños goblings que habían accionado la apertura de la puerta. Pequeños bichos verdes vestidos con trapos viejos, y con la cara ennegrecida por el aceite que engrasaba los mecanismos, que saltaban por encima de las ruedas y se descolgaban de las cuerdas. Dentro de la fortaleza se extendía una complicada red de escaleras y superficies mágicas que subían y bajaban solas, personas de todas las tribus corrían por ellas ajetreadas, como si tuvieran prisa por llegar a algún lado o a hacer algo. Klaate no entendía lo que allí ocurría. El piso de debajo de la fortaleza estaba formado por un vasto mercado, repleto de comercios y pequeños locales, de donde la gente entraba y salía.

-Es por aquí, ¡seguidme! -. Increpó el emisario antes de que los hombres de las tribus tuviesen tiempo para asimilar todo lo que ante ellos se estaba desarrollando.

Fueron guiados por los pasillos de aquella fortaleza hasta llegar a un enorme salón repleto de mesas. Klaate no había visto tanta comida junta en su vida, las mesas estaban repletas de los mejores manjares conocidos y además en abundancia. Tuvo que reprimir su hambre para no lanzarse como un perro encima de toda aquella comida. Con aquel festín delante no se dieron ni siquiera cuenta de que el emisario ya no estaba, y de que la puerta del salón estaba cerrada. Nadie sabía qué estaba ocurriendo en aquella sala.

Los guerreros empezaban a impacientarse cuando una voz salida de ninguna parte les habló.

-Soldados de Chtlaá, sed bienvenidos.

Cuando la voz se calló, una luz al fondo de la sala ilumino un estrado en el cual se encontraban un grupo de ancianos, y al frente de todos ellos un hombre con un imponente aspecto y un bastón de mando en su mano derecha. Al tiempo comenzó a sonar una música y el hombre del bastón gritó:

-Comed bien, saciad vuestra hambre antes de poneros bajo mi mando, porque después no volveréis a poder saborear la comida.




15.12.08

Merienda de locos


Alicia observaba absorta, desde el otro lado de aquella larga mesa, la merienda que ante ella se estaba celebrando. Hacía pocos minutos que había llegado a casa de aquel hombre y ya deseaba irse. No encontraba la razón de que aquel viejo loco y su horripilante mascota de orejas largas estuvieran tomando el té a todas horas, tal y como le estaba contando el anciano.
Alicia mojó una pasta en el té, no quería quedarse, pero tampoco ser mal educada. A su lado estaba sentado el gato de Chesire, que, manteniendo siempre la sonrisa, movía sus ojos de Alicia al Conejo, del Conejo al hombre del sombrero y volvía después a Alicia.
Pasado un tiempo, aunque no sabia muy bien cuanto, Alicia empezó a sentirse diferente. Una sensación indescriptible comenzó a llenarle de cosquillas el estomago, le erizó el vello y, como por arte de magia, ese almuerzo dejó de parecerle cosas de locos. El hombre del sombrero que parecía haber cambiado sus ropajes por otros mucho más limpios y mucho menos destartalados le habló con una voz grave y muy tranquila:

-Este té no es como el que tú conoces. Este té saca lo mejor, o lo peor, según se mire, de cada persona. Saca su verdadera naturaleza. Ahora, veamos la tuya.

Alicia miró a su alrededor. Sus tres compañeros le devolvieron la mirada, e incluso dos de ellos una sonrisa. El gato de Chesire se desvanecía poco a poco.
Alicia miró al único comensal que seguía serio, observando todo. Caminó hacia él. El Sombrerero sabía que no podría hacer nada para detenerla, así que siguió observando. Extrañado creyó escuchar una canción que manaba en susurros de los labios de Alicia.

-Alicia quiere tu sombrero. Alicia quiere tu sombrero.

Cuando casi puedo rozar sus labios con los suyos, el anciano esbozó una sonrisa.

-¿Quien está mas loco?¿El que se cree cuerdo, o el que predica su locura?

-Nadie.- Respondió Alicia.- Solo quiero tu sombrero.

Alicia le arrebato el sombrero de un manotazo, al tiempo que destrozaba su mandíbula con el otro brazo. Sangraba mucho. Sangraba tanto que se formaba un charco en el suelo, pero de entre sus dientes aún salió una última frase.

-Bendita locura.








Pd. Gracias a las escenas bizarras de Birlo y Peral, me ayudan a sobrellevar mi locura.

25.11.08

los segundos pasan lentos...

tic...
...tac
tic...
...tac
Al fondo de la sala se oye el viejo reloj de cuerda. Ese reloj a acompañado a la familia durante incontables años, y nuca habia llegado tarde a Fin de Año. Todas las mañanas el abuelo le daba cuerda, y el día que el reloj aguantó más que él estaba mi padre para continuar la tarea.
Ese anciano reloj conocía a muchisima gente que seguramente no le redaran, habia sido testigo de tantas discusiones, debates, risas, miedos, llantos... tantos sentimientos de los cuales no conocía nada...
Ahora observaba desde el oscuro rincón de la sala cómo dos figuras entrelazadas se fundían en una, se amaban... Desde que comenzó a ver a esa pareja amarse había dado muchas medias noche, había perdido la cuenta de los segundos que habian pasado abrazados, y la de páginas de calendario que habían sido arracadas, pero no veía cambios en el amor que sentian. Las sonrisas de complicidad que se regalaban les delataba ante la mirada celosa del reloj.
tic...
...tac
tic...
...tac

Otra media noche, otro mes, medio año juntos.

Te amo canija.

9.11.08

Capt. 1.- El emisario

En aquel momento comprendió que jamás volvería a ver esos ojos, que jamás tendría otra oportunidad de cruzar si quiera un susurro con ella, nunca rozaría de nuevo su piel. La última noche juntos fue sin duda la mejor que habían tenido desde que la chamán les uniera, cómplices en la oscuridad y en el silencio fueron uno…

Todo comenzó dos noches atrás, cuando el emisario de los Chtlaa apareció en el pueblo para llevarse a los hombres más fuertes y con más descendencia, para formar parte del ejército de Jyuf. Esto ocurría cada 20 estaciones, o claimas, como se decía en Chtlaán, desde el tiempo de los antiguos hombres.

Corrían leyendas entre los poblados de la comarca de Chtlafen, venidas de antiguo, que hablaban de que el Ejército de Jyuf fue formado en un principio para luchar contra las grandes bestias, pero pronto hubo que empezar a protegerse de otro enemigo aun más peligroso, el propio hombre. Desde entonces comenzaron a formarse otros ejércitos dentro de Mundo Makko, desde los sanguinarios Zartaks, hasta los mágicos Blemings. Tribus que disfrutaban atacándose entre ellas, y que se apoderaban de poblados y ciudades capturando a los supervivientes de sus ataques para más tarde usarles como entretenimiento o como peleles de entrenamiento.
Chtlafen estaba formados por la ciudad-fortaleza Chtlaá y los llamados Ocho Poblados, creados en el interior del anillo de Chtlaá por los ocho héroes que capitanearon y formaron el ejercito de Jyuf, bajo las órdenes del Jefe Chtl, nombre solo pronunciable en Chtlaán, y del cual salió el nombre de la comarca. Los nombres de estos capitanes, y de los respectivos pueblos eran Fsoh, Grces, Tgiz, Prfae, Rofl, Dsun, Varrm, y el poblado en el cual comienza la historia, Jytan.
En Jytan se habían formado desde antaño los mejores guerreros de la comarca, nunca había habido soldados que pudieran medirse frente a frente contra un Jytán, sin recibir alguna herida, o incluso la muerte.

De entre ellos Klaate era uno de los mejores hombres que había dado el poblado, aparte de un magnifico jinete y un mejor amante. Sabía luchar con todas las armas que había en los almacenes de Chtlaá, y en sus poblados, no había hombre en toda la comarca que le hubiese vencido en un duelo, y a pesar de haber sido llamado anteriormente por los emisarios de los Chtlaa fuera del periodo de veinte claimas, a causa de la guerra que se estaba librando contra la comarca vecina, no había acudido a causa de su pequeña descendencia de tan solo 2 hijos. Ahora, cumplido el plazo, había logrado una importante descendencia de 5 pequeños y ya no tenía escusa para no defender a su patria, debía marchar junto a sus compañeros de entrenamiento, risas, borracheras y alguna que otra golfería.

Ya era la mañana del tercer día. Ya debían marchar. Klaate miró a sus compañeros mientras que estos también se despedían de sus familias. Se giró hacia los pequeños a los cuales la noche anterior había tatuado en el cuello y en la espalda los símbolos de su familia, otra de las tradiciones antes de marchar, y se fundió con todos ellos en un profundo abrazo. A continuación se incorporó y miro a su mujer. Ella intentaba contener las lágrimas, aunque su mejilla era recorrida con un sendero brillante con la luz del amanecer. Se miraron a los ojos, sabían que no iban a volver a verse, pero no se hablaron. Un largo beso acompañado de un abrazo fue suficiente para ellos, estaban ya preparados para el momento desde hacía tiempo. Se reunieron todos y comenzaron su marcha hacia los cuarteles de Chtlaá. Klaate se giro por para contemplar a toda su familia y regalarles una última sonrisa de serenidad.

…fueron uno para jamás volver a serlo. Nunca volverían a saber uno del otro.

1.10.08

nota del autor

Cuando leas la entrada vas a pensar que soy un copiota y que tanto tiempo esperando para esto no tiene merito, pero bueno... que se le va a hacer...

AL leer el otro día tu blog me hiciste recordar todo, y todo lo que siento por ti se vió aumentado, por lo que llevo ya un par de dias que no hago otra cosa que pensar en ti, en todos los momentos que hemos pasado juntos y en lo muchisimo que te quiero.

Si, lo se, soy un cursilon, que se le va a hacer... Si no te gusta, ya lo sabes a las lista de quejas.

TE AMO PITUFA!!

Sueños nocturnos.


Era más o menos media noche, y su mente no estaba bajo la luna que esa noche caminaba sobre el mar. Se sentó alejado del ruido que se formaba por una mezcla del murmullo que escuchaba procedente del mar, y las voces y las risas de la gente que con él se encontraban esa noche.

En ese momento no le apetecía otra cosa mas que sentarse y huir de aquel ajetreo, pensar en sus cosas, y, como ya estaba acostumbrado, meterse en sus miserias y compadecerse de si mismo. Se sentó, de su bolsillo sacó un cigarro, y se puso a dibujar formas en la arena. Quería irse a casa.

Pasados unos minutos, y apurando las ultimas caladas de su cigarro, vio una sombra que le privó por unos segundo de las luces de las farolas. Levantó la mirada y creyó reconocer la figura de un angel, y cuando vio su cara confirmó esa teoría.

Comenzaron a hablar y se lo olvidó porque estaba ahi sentado, a medida que pasaban los minutos se iba dando cuenta de que esa chica no era como las demas, que tenía algo, no sabía muy bien qué era pero tenía algo, y queria saber que era eso. Jamás habia sido capaz de mantener una conversación con una chica que conocia de tampoco tiempo, y mucho menos si además se sentia atraido por ella, pero con ella era diferente con ella pudo hacerlo, se abrió sin miedo a lo que pudiera pasar después, sin temor a equivocarse.

Esa noche al llegar a casa no podia pensar en otra cosa que en esa mirada, en esa sonrisa, en esa voz. En sus sueños nunca habian aparecido cosas tan bonitas como aquellas, y sabia que pasase lo que pasase iba a recordar esa noche eternamente.